Un cordial y fraterno saludo con motivo de la próxima celebración de la Navidad. Hacemos extensivo este saludo a toda la comunidad universitaria: estudiantes, docentes, personal administrativo y de servicio, graduados, grupos de interés y amigos todos de la Universidad. 

A lo largo de la historia de la humanidad, las pandemias han sido compañeras de camino: siempre fieles y siempre inoportunas.  Todos nosotros hemos sido testigos del desconcierto y la desolación causados por el COVID 19. También nosotros hemos sido presa del miedo y la ansiedad, la incertidumbre y el temor; hemos sufrido el confinamiento y las calles desiertas, la pérdida del trabajo o la reducción de ingresos, y –tal vez- la tragedia de perder algún ser querido. 

El COVID 19 nos ha recordado que somos humanos, solo humanos, profundamente humanos. La pandemia nos ha recordado nuestra fragilidad, nos ha descubierto como poseedores de lo que alguien ha llamado una fragilidad iluminada.  La fragilidad y la vulnerabilidad nos han devuelto la memoria de cuánto dependemos unos de otros, y de cuánto nos podemos ayudar mutuamente; nos ha restituido la memoria de una solidaridad que nunca debió ser atenuada.  La pandemia nos ha hecho caer en la cuenta de que estamos subidos a la misma barca, en la que nadie se salva solo. 

Estamos a las puertas de la Navidad. El mensaje fundamental del relato bíblico es que Dios se hace humano como nosotros, por eso con la Navidad celebramos también nuestra condición de seres humanos. 

Está claro que no conocemos el día del nacimiento de Jesús. Tampoco tiene mayor importancia en estos momentos. Lo esencial es que podamos hacer nuestro recorrido personal y colectivo hacia Belén, y ahí logremos cambiar nuestra mirada y renovar nuestra actitud.

             El poeta lo expresa bellamente:

                        A Belén se va y se viene, caminando,

                        A Belén se va y se viene, preguntando,

                        A Belén nadie va solo, el camino es nuestro hermano  (J. A. Olivar)

Como creyentes estamos invitados a acercarnos a Belén con el corazón abierto, como María, como José, como los pastores (Lc. 2).

Estamos todos invitados a acercarnos a Belén para escuchar esa buena noticia que se nos anuncia también a cada uno de nosotros: No temas, te doy una buena noticia, una gran alegría… De labios del ángel (término de origen griego y significa mensajero) esa insólita noticia: Te ha nacido un Salvador.

Estamos invitados a acercarnos a Belén y dejarnos querer, aceptar que están dirigidas también a nosotros las palabras que oyeron los pastores: Paz a los hombres a quienes ama el Señor.

Traducidas a nuestro lenguaje más actual y coloquial, las palabras de los ángeles serían “no teman, ustedes le caen bien a Dios, ustedes están bajo la mirada de su ternura”. Comentan los expertos que, a menudo, se ha realizado una traducción reductiva del texto y apuntamos: “Paz a los hombres de buena voluntad”. Entonces parece que la buena voluntad es cosa nuestra. Y comenzamos a dividir a las personas entre buenas y malas, las que tienen buena voluntad y las que carecen de ella.

Hay que volver a releer a Lucas para convencernos de que a Dios todos le caemos bien, y que nosotros no necesitamos hacer méritos para conseguir ese amor de Dios, porque “Dios es amor” y lo suyo es amar.

El relato bíblico señala que los pastores se pusieron en marcha cuando escucharon que le caían bien a Dios: cuando nos sentimos queridos, valorados y aceptados es cuando cambiamos, cuando damos lo mejor de nosotros mismos. Contemplar a Dios nos alegra el corazón y nos convierte en hombres y mujeres de ternura y servicio.

Conviene aquí recordar un hermoso párrafo de la exhortación Evangelii Gaudium: Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo... como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. (EG. 273) 

Estamos concluyendo el año 2020 que, sin duda, quedará impreso en nosotros y cuyo recuerdo podrá  –según nosotros lo permitamos- encoger nuestro ánimo y nuestro espíritu o constituirnos en personas más valientes, más proactivas, más esperanzadas y más fraternas.

Estamos llamados a ser faros de luz y esperanza en este mundo turbulento. Ese será el lema del año 2021 para nuestra Universidad. El futuro será tan bueno como nosotros hagamos de él. El mañana será lo que nosotros logremos hacer de él.

A nombre del Consejo Universitario les quiero expresar los mejores deseos de una feliz Navidad. Que la llegada del Dios con nosotros, el Emmanuel, llegue de luz, alegría, audacia, esperanza y amor nuestros corazones y nuestros hogares.        

Queremos desearles, asimismo, un muy feliz y esperanzado año 2021 para cada uno de ustedes, para sus familias y las personas que aman.

Hno. Pablo González Franco 
Rector

Publicado: 05-12-2020

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