Pedagogía y Andragogía: hacia un modelo educativo mixto

Pedagogy and Andragogy: toward a mixed educational model

 

Mario Moctezuma Baños

Correspondencia: mario.moctezuma@elcolegiodemorelos.edu.mx

https://orcid.org/0009-0006-6115-4451

El Colegio de Morelos, Cuernavaca, México.

 

Recibido: 18 de marzo 2025

Evaluado: 9 de julio 2025

Aceptado: 17 de agosto 2025

 

DOI: https://doi.org/10.35756/educaumch.202527.350

 

Como citar

Moctezuma, M. (2025). Pedagogía y andragogía: hacia un modelo educativo mixto. Revista EDUCA UMCH, (27), 34-56. https://doi.org/10.35756/educaumch.202527.350

 

© Los autores.  Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC - BY 4.0).

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Resumen

La educación universitaria enfrenta el reto de adaptar sus estrategias a la diversidad de ritmos y estilos de aprendizaje de los estudiantes. Tradicionalmente, la pedagogía ha sido el enfoque predominante en la enseñanza, incluso en la educación superior. En contraste, la andragogía ofrece un modelo de aprendizaje autodirigido y experiencial. Este estudio tuvo como objetivo proponer un modelo educativo mixto para la mejora de la formación universitaria, mediante una revisión sistemática basada en el protocolo PRISMA. Se identificaron 76 artículos, de los cuales se seleccionaron 10 según criterios de calidad y pertinencia establecidos en la escala JADAD. Los resultados señalan que la integración de estrategias pedagógicas y andragógicas favorece la participación activa, la autonomía y el desarrollo de competencias críticas en los estudiantes universitarios. Se concluye que un modelo mixto constituye una alternativa necesaria para fortalecer la calidad de la educación superior y responder a las demandas de una sociedad en transformación.

Palabras clave: pedagogía, andragogía, estrategias educativas, estrategias de aprendizaje, educación superior.

Abstract

Higher education faces the challenge of adapting its strategies to the diversity of students’ learning paces and styles. Traditionally, pedagogy has been the predominant approach to teaching, even in higher education. In contrast, andragogy offers a model of self-directed and experiential learning. The aim of this study was to propose a mixed educational model to improve university training, through a systematic review based on the PRISMA protocol. A total of 76 articles were identified, of which 10 were selected according to quality and relevance criteria established by the JADAD scale. The results indicate that the integration of pedagogical and andragogical strategies fosters active participation, autonomy, and the development of critical competencies in university students. It is concluded that a mixed model constitutes a necessary alternative to strengthen the quality of higher education and respond to the demands of a transforming society.

Keywords: pedagogy, andragogy, educational strategies, learning strategies, higher education.


Introducción

Una de las problemáticas más latentes dentro de la pedagogía enfocada a la educación superior es su limitada capacidad para fortalecer la autonomía y la autorregulación del aprendizaje. Si bien esta afirmación debe atender al contexto, la pedagogía —con su tradicional orientación a etapas infantil y adolescente— sigue ofreciendo didácticas útiles en la educación universitaria cuando se articulan con prácticas que promueven agencia estudiantil y evaluación formativa (Cevallos & López, 2020; Valenzuela et al., 2021).

Los principios pedagógicos y los andragógicos están presentes en las clases expositivas de la enseñanza universitaria. De hecho, muchas estrategias de educación superior incorporan elementos del aprendizaje de adultos, lo que apoya la coexistencia de ambos enfoques dentro de un modelo mixto (Silva & Ríos, 2022). La andragogía, a menudo descrita como una rama de la pedagogía, se centra en el aprendizaje de los adultos y acentúa el desarrollo de estrategias instruccionales orientadas al aprendizaje autodirigido (Knowles et al., 2001).

Este enfoque se centra en el conocimiento práctico y en la resolución de problemas (conceptuales y aplicados). Sin embargo, en el marco latinoamericano, la educación superior aún requiere una intervención docente estratégica debido a las brechas con las que muchos estudiantes ingresan. En este sentido, el uso de métodos mixtos en la educación superior es fundamental para fomentar un aprendizaje significativo; la fusión de pedagogía y andragogía ofrece un marco holístico que favorece el compromiso activo con la información y no solo su memorización (Pérez-López et al., 2021; UNESCO, 2022).

Por lo tanto, el empleo de estrategias pedagógicas que combinen la experiencia con la participación activa del estudiante puede contribuir a transformar la educación superior. El grado de independencia y autorregulación que brindan los modelos híbridos no solo mejora la experiencia de aprendizaje, sino que también permite a los estudiantes adquirir competencias pertinentes para las complejidades de una sociedad en constante evolución; por tanto, en el contexto universitario, el estudiante debe constituir el punto focal del proceso de enseñanza (Salmerón et al., 2022).

La disposición y motivación para involucrarse activamente son centrales para la construcción del conocimiento y el logro académico. No obstante, aunque la autoeducación es relevante en educación superior, su efectividad depende en gran medida de la mediación del educador. Así, el docente no solo imparte contenidos; también apoya, monitorea, guía y orienta, asegurando la adecuada conducción del proceso educativo (Cevallos & López, 2020; Valenzuela et al., 2021).

Este estudio investiga dos movimientos educativos —andragogía y pedagogía— con el objetivo de definir el papel de los educadores en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Al analizar ambos, se reconocen ventajas y desafíos que permiten evaluar la viabilidad de un modelo híbrido. Tradicionalmente, la pedagogía se ha entendido como la enseñanza dirigida a niños y adolescentes, mientras que la andragogía se ocupa de la educación de adultos; sin embargo, sus diferencias metodológicas no deben verse como debilidades, sino como potencial para formular estrategias sinérgicas más robustas (Knowles, 1980; Silva & Ríos, 2022).

Enfoque pedagógico

Tradicionalmente entendida como la disciplina orientada al estudio sistemático del fenómeno educativo, la pedagogía ha sido aplicada en todos los niveles formativos, incluidas las instituciones de educación superior. Sin embargo, desde una perspectiva crítica, Knowles (1980) advierte que los modelos universitarios han privilegiado históricamente indicadores de egreso —como calificaciones— por encima del análisis de los procesos de enseñanza y aprendizaje en el aula, reforzando la centralidad del docente y la organización del conocimiento en torno a asignaturas fragmentadas. Esta observación pone de manifiesto la necesidad de replantear los modelos formativos universitarios hacia enfoques que prioricen la autonomía, la autorregulación y el aprendizaje significativo (Knowles et al., 2001; Cevallos & López, 2020). En efecto, si bien la enseñanza basada en incentivos externos puede resultar funcional en etapas tempranas del desarrollo educativo, su eficacia para sostener la motivación intrínseca en estudiantes adultos es limitada, lo que explica la dificultad de ciertos enfoques pedagógicos tradicionales para actuar como catalizadores del aprendizaje autónomo en educación superior (Valenzuela et al., 2021; Salmerón et al., 2022).

En este contexto, la andragogía —centrada en el aprendizaje de adultos— ofrece una perspectiva complementaria. A diferencia de los modelos pedagógicos centrados en la dependencia instructiva, el estudiantado universitario adulto tiende a asumir un rol activo en su formación, movilizando experiencias previas y estructuras cognitivas para construir conocimiento (Piaget, 1996). Desde esta perspectiva, el enfoque andragógico promueve la motivación intrínseca vinculada a la realización personal y profesional, así como el control del propio proceso formativo, favoreciendo la autodisciplina y la autodirección del aprendizaje (Knowles et al., 2001). Esta concepción ha sido reforzada por investigaciones recientes que evidencian que la autonomía académica se sustenta en la autoeficacia, la autorregulación y prácticas docentes orientadas al acompañamiento más que a la transmisión unidireccional del conocimiento (Arreola & Hernández, 2021; Balmaceda et al., 2021; Dussel, 2020).

La literatura contemporánea en educación superior señala además que la motivación intrínseca y la participación activa del estudiante adulto constituyen factores determinantes para el aprendizaje profundo y sostenido. En este sentido, el aprendizaje se fortalece cuando se articulan la experiencia previa del estudiante, su disposición para aprender y su orientación hacia metas profesionales aplicables (Ampler et al., 2024; Ho & Kim, 2020). La implementación de estrategias andragógicas —basadas en auto-dirección, aprendizaje experiencial y contextualización del conocimiento— ha demostrado incrementar la autonomía y la transferencia del aprendizaje a escenarios reales (Üçler İlik et al., 2024; Riwayat, 2025). Asimismo, el liderazgo pedagógico del docente y la conexión curricular con la experiencia profesional favorecen la motivación y la permanencia académica (Green, 2024).

Desde una perspectiva integradora, la articulación entre pedagogía y andragogía resulta fundamental para comprender la complejidad de la educación superior contemporánea. Mientras la pedagogía aporta fundamentos estructurales para la

organización curricular y didáctica —particularmente en etapas formativas iniciales—, la andragogía introduce principios orientados a la autodirección, la experiencia y la pertinencia contextual del aprendizaje adulto (Caraballo, 2007). Esta complementariedad cobra especial relevancia en entornos digitales y en escenarios de aprendizaje permanente, donde la formación universitaria se inserta en trayectorias educativas continúas mediadas por tecnologías emergentes y marcos de aprendizaje a lo largo de la vida (Puri et al., 2026).

En consecuencia, el diálogo entre ambos enfoques no implica sustitución conceptual, sino una integración epistemológica que permita optimizar el aprovechamiento formativo del estudiantado universitario y responder a las exigencias contemporáneas de producción de conocimiento, profesionalización y transformación social.

Andragogía

El enfoque andragógico ha incrementado su aceptación en instituciones educativas en el contexto de la globalización, favoreciendo un aprendizaje a lo largo de la vida y métodos más flexibles y responsivos (UNESCO, 2022). Talamante (2019) subraya la necesidad de marcos más analíticos y críticos para evaluar la formación de adultos (p. 11).

        La andragogía, como enfoque centrado en adultos, se distingue por su interdisciplinariedad y su compromiso con el desarrollo integral del estudiante, con principios que orientan el diseño instruccional eficaz en educación de adultos —incluida la universitaria— y en contextos comunitarios y organizacionales (Knowles et al., 2001; Silva & Ríos, 2022). El docente andragógico diseña, facilita y evalúa experiencias formativas pertinentes, capitalizando la experiencia y motivación del estudiante adulto (Salmerón et al., 2022).

Pedagogía

La pedagogía —del griego paidagogéō, “conducir al niño”— evolucionó progresivamente hasta consolidarse como campo científico orientado al estudio sistemático de los procesos educativos y formativos desde el siglo XIX (Piaget, 1972).

En la actualidad, se concibe como una disciplina que analiza de manera integral la educación en sus dimensiones epistemológicas, sociales y culturales, destacando su papel en la formación de ciudadanía crítica y en la construcción de sujetos capaces de participar activamente en sociedades complejas (Biesta, 2020; Labarrere & Valdivia, 2011). Tradicionalmente practicada en todos los niveles educativos, la pedagogía ha puesto especial énfasis en la relación docente–estudiante como eje estructurante del proceso formativo; sin embargo, los paradigmas contemporáneos exigen su resignificación mediante la incorporación de competencias socioemocionales, creatividad, pensamiento crítico e innovación como componentes esenciales del desarrollo humano y profesional (OECD, 2021; Sarramona, 1999; Fullan & Quinn, 2016).

La expansión tecnológica y la digitalización del conocimiento han reconfigurado profundamente las prácticas educativas, ampliando el acceso a la información y complejizando las dinámicas de interacción pedagógica en entornos híbridos y virtuales. En este contexto, la abundancia informativa no garantiza comprensión ni aprendizaje significativo, lo que hace imprescindible una mediación didáctica que promueva el análisis crítico, la reflexión y la construcción activa del conocimiento, evitando la mera acumulación de contenidos (Cevallos & López, 2020; Dussel, 2020; Selwyn, 2019; Redecker, 2017). De igual modo, investigaciones recientes subrayan la necesidad de articular enfoques pedagógicos con marcos de competencias digitales y alfabetización mediática que permitan al estudiantado desenvolverse eficazmente en ecosistemas tecnológicos complejos (Falloon, 2020; Cabero-Almenara et al., 2021).

Asimismo, organismos internacionales coinciden en señalar que la educación del siglo XXI debe orientarse hacia el desarrollo integral de competencias relacionadas con la colaboración, la adaptabilidad, la ciudadanía global y el aprendizaje permanente, en consonancia con las demandas de economías basadas en el conocimiento (UNESCO, 2021; OECD, 2023). Desde esta perspectiva, la pedagogía contemporánea trasciende su función tradicional instructiva para asumirse como mediación crítica del conocimiento y promotora de procesos de innovación educativa que integren tecnología, ética y desarrollo humano sostenible (Darling-Hammond et al., 2020; Schleicher, 2018).

En consecuencia, el desafío actual de la pedagogía radica en articular tradición y transformación, configurándose como un campo dinámico capaz de integrar saber disciplinar, mediación tecnológica y formación socioemocional para responder a escenarios educativos complejos, interconectados y en constante evolución.

Educación universitaria

La educación universitaria impacta la configuración social al traducir saberes en conocimiento relevante. Históricamente, las universidades han respondido a necesidades de cada época mediante docencia e investigación, ajustándose a cambios políticos, económicos, culturales e ideológicos (Araya, 1981). Su función vincula formación académica con inserción social y productiva, pero la diversidad institucional y disciplinar exige políticas diferenciadas (González & García, 2012; UNESCO, 2022).

Debate sobre la pedagogía y la andragogía en la educación universitaria

El debate sobre la división pedagogía–andragogía en educación superior es amplio. Mientras algunos proponen transitar hacia la andragogía, otros sostienen la vigencia de la pedagogía (Castellanos et al., 2001; Knowles, 1980). En ambos casos, el fin es promover el desarrollo integral del estudiante. La andragogía se sugiere para educación superior —y para niveles que atienden a adultos históricamente excluidos— por su énfasis en experiencias previas y uso del conocimiento más allá de la repetición (Knowles et al., 2001; Silva & Ríos, 2022).

Motivación y abandono en la educación superior

Dewey (1899) advirtió que educación y formación están ligadas a la enseñanza universitaria y no deben confundirse con instrucción. El estudiantado adulto requiere acompañamiento y autonomía; cuando esto falla, crece la desmotivación y el riesgo de abandono. El fracaso académico no depende solo de la inteligencia, sino del grado de motivación (Sternberg, 2009). Evaluar exclusivamente habilidades analíticas, sin integrar creatividad y autorregulación, limita la capacidad universitaria para potenciar competencias innovadoras (Salmerón et al., 2022).

Comparación entre pedagogía y andragogía en la educación universitaria

A continuación, se presenta una tabla comparativa que resume las diferencias clave entre la pedagogía y la andragogía en el ámbito universitario (véase Tabla 1), con base en literatura clásica y reciente (Knowles, 1980; Knowles et al., 2001; Cevallos & López, 2020; Pérez-López et al., 2021; Salmerón et al., 2022; Silva & Ríos, 2022; Valenzuela et al., 2021).

Tabla 1

Comparación entre la educación andragógica y la pedagogía dentro de la educación universitaria

 01

Nota. Adaptado de Metodologías participativas para la mejora del aprendizaje en Educación Superior por N. González Fernández y J. L. García González, 2012, RIDE-Revista Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo, 3(5), pp. 84–85.

 

¿Pedagogía o andragogía en la universidad?

En la educación universitaria, el debate ha girado por años en torno a la elección entre pedagogía y andragogía. Aunque la pedagogía ha dominado la práctica docente en la educación básica y media, la andragogía emerge como una alternativa especialmente pertinente para la formación a nivel superior, por su énfasis en el aprendizaje autodirigido y experiencial (Knowles et al., 2001; Silva & Ríos, 2022).

Es necesario reconocer que las personas adultas aprenden sobre la base de conocimientos y experiencias previas, a menudo adquiridos en contextos pedagógicos. Por ello, pedagogía y andragogía no deben concebirse como opciones excluyentes, sino como modelos complementarios dentro de un continuo formativo en evolución (Cevallos & López, 2020; Valenzuela et al., 2021). En esta línea, la integración de metodologías activas y evaluaciones coherentes con la autorregulación favorece la participación, la motivación y el desarrollo de competencias de alto nivel (Pérez-López et al., 2021; Salmerón et al., 2022).

En sistemas educativos en desarrollo, la decisión sobre qué enfoque priorizar debe considerar las necesidades, capacidades y aspiraciones de los estudiantes. Mientras la pedagogía provee estructura y andamiaje en etapas iniciales, la andragogía potencia la autonomía y la transferencia práctica del conocimiento (Knowles et al., 2001; UNESCO, |2022).

En síntesis, el desafío de la educación superior contemporánea es equilibrar ambos enfoques para preparar a los estudiantes en un marco que combine estructura, autodirección y relevancia práctica (Dewey, 1899; Silva & Ríos, 2022).

Método

En esta investigación se adoptó la metodología PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), descrita por Page et al. (2021), la cual ofrece un marco estandarizado para la elaboración de revisiones sistemáticas. Este enfoque permitió evaluar de manera rigurosa los estudios relacionados con la pedagogía y la andragogía, identificando similitudes, diferencias y tendencias, a la vez que se aseguró la transparencia, trazabilidad y reproducibilidad del proceso de selección.

            El procedimiento metodológico se estructuró en tres fases principales:

  1. Identificación: Definición de palabras clave y ejecución de búsquedas en bases de datos especializadas.
  2. Selección: Aplicación de criterios de inclusión y exclusión para depurar los registros obtenidos y descartar estudios no pertinentes.
  3. Inclusión: Evaluación de los documentos seleccionados mediante herramientas de valoración de calidad metodológica, como la Escala JADAD (Jadad et al., 1996).

Diseño de la investigación y técnicas de recolección de datos

El estudio adoptó un enfoque mixto:

La revisión sistemática se basó en una investigación documental, entendida como la búsqueda, selección, recopilación y análisis de información proveniente de repositorios bibliográficos, bases de datos y fuentes secundarias, en función de los objetivos preestablecidos. Esta metodología resultó idónea porque permitió un abordaje holístico y profundo, además de identificar patrones, vacíos y tendencias en la literatura existente (Bavaresco, 2017, 2018).

La recolección de datos se desarrolló entre octubre y diciembre de 2024, empleando bases de datos académicas reconocidas: Scopus, Web of Science, Google Scholar, Academia.edu y ResearchGate. Para la búsqueda se utilizaron las palabras clave: “pedagogía”, “andragogía”, “educación básica” y “educación superior”, complementadas con operadores booleanos

Procedimiento de revisión

El proceso de selección y análisis siguió seis etapas, en concordancia con el protocolo PRISMA:

  1. Definición del alcance: delimitación de conceptos clave.
  2. Búsqueda en bases de datos: recuperación de literatura relevante.
  3. Revisión de libros y revistas: identificación de fuentes adicionales en monografías y publicaciones indexadas.
  4. Evaluación de calidad y pertinencia: aplicación de criterios de selección (año de publicación, relevancia, originalidad y rigor científico).
  5. Selección y clasificación: organización de los documentos en categorías temáticas.
  6. Análisis y síntesis: interpretación de hallazgos para identificar patrones, similitudes, diferencias y vacíos de investigación.

Universo y estudios incluidos

El universo de estudios potenciales estuvo conformado por 76 artículos científicos identificados en bases de datos académicas reconocidas, distribuidos de la siguiente manera:

A partir de este universo, y tras aplicar los criterios de inclusión y exclusión, se seleccionaron 10 estudios incluidos para el análisis final.

Criterios de inclusión:

Criterios de exclusión:

Técnicas de validación:

Para evaluar la calidad metodológica de los estudios incluidos, se utilizó la Escala JADAD (Jadad et al., 1996), que permite descartar documentos con menor rigor científico y reducir sesgos en la selección. Esta herramienta valora aspectos como aleatorización, doble ciego y pérdidas de seguimiento, otorgando una puntuación de 0 a 4 puntos, donde una mayor puntuación refleja mejor calidad metodológica.

Tabla 2

Escala JADAD aplicada

 02

Además, la escala clasifica los documentos según su calidad:

 

Tabla 3

Clasificación de artículos según calidad

 03


Figura 1

Etapas del proceso de selección de artículos

 f01

La siguiente tabla muestra la presencia de las palabras clave en los documentos seleccionados en la muestra.

Tabla 4

Presencia de las palabras clave en los documentos analizados

04

 

Del análisis realizado, se observa que la palabra clave con mayor presencia en los documentos seleccionados fue "Pedagogía", con un 80%, seguida por "Andragogía", con un 70%, luego “educación básica” con un 50% y finalmente, "Educación superior", también con un 50%. Esto sugiere que la literatura prioriza la exploración de la pedagogía como un elemento central en la producción y evaluación del conocimiento.

A continuación, se detalla la cantidad de documentos encontrados en cada una de las bases de datos consultadas.

Tabla 5

Documentos seleccionados por cada base de datos

05

Los resultados indican que la mayoría de los documentos revisados fueron obtenidos a través de Scopus (38.16%), seguido de Google Scholar (23.69%) y Web of Science (15.79%). En menor proporción, se identificaron estudios en Academia.edu (11.84%) y ResearchGate (10.52%). Esto muestra que las bases de datos indexadas en revistas de alto impacto fueron las principales fuentes de información en esta revisión.

Para garantizar la calidad metodológica de los estudios analizados, se aplicó también la Escala JADAD. La tabla siguiente muestra la puntuación obtenida por cada documento en los siete criterios evaluados.

Tabla 6

Valoración de la calidad metodológica según la Escala JADAD

06

 

Los resultados evidencian que el 60% de los documentos analizados obtuvo una puntuación de 4 puntos, considerada excelente, mientras que el 40% restante alcanzó 3 puntos, ubicándose en la categoría de buena calidad. En conjunto, la puntuación promedio de los estudios fue de 3.60, situándose en un rango de calidad metodológica entre buena y excelente. Estos resultados permiten inferir que la mayoría de las investigaciones revisadas cumplen con criterios adecuados de rigor científico, consistencia en el diseño metodológico y claridad en la presentación de resultados. Asimismo, el nivel general de calidad identificado fortalece la confiabilidad del corpus analizado y respalda la validez de las interpretaciones derivadas de la revisión, reduciendo el riesgo de sesgos metodológicos significativos en la síntesis de evidencias.

Resultados

Los resultados obtenidos en la investigación son los siguientes: aunque la pedagogía y la andragogía son modelos tradicionales distintos, aplicados en diferentes niveles educativos, cada uno conserva un valor que contribuye al desarrollo educativo en el ámbito universitario. A la pedagogía le corresponde la educación formal de niños y adolescentes; por ello, su enfoque se caracteriza por la figura indispensable del docente, quien asume el rol de guiar lo que debe ser aprendido. En contraposición, los educandos adoptan una postura pasiva, limitándose a escuchar y comprender lo que el profesor expone. Este tipo de enseñanza se centra en la transmisión de información, mientras que el aprendizaje se mide a través de pruebas escritas y otras formas de evaluación estructurada (Román & Gómez, 2003).

En contraste, la andragogía se refiere al proceso de aprendizaje de los adultos, otorgando mayor discrecionalidad respecto a cómo acceden a la educación. Bajo este modelo, los aprendices integran nuevas experiencias desde el prisma de sus conocimientos y vivencias previas, lo que permite la síntesis de saberes y el fortalecimiento del aprendizaje. Así, el estudiante se consolida como un sujeto activo, comprometido y responsable de su propio proceso formativo. La autodirección le permite adquirir competencias relacionadas con la autonomía y la independencia, en lugar de depender completamente del docente (Quevedo & García, 2021).

En cuanto a la relación de estos enfoques con la educación superior, si bien la pedagogía sigue centrada en la progresión de los contenidos programáticos desde los niveles educativos iniciales, su énfasis rígido puede limitar el desarrollo de competencias críticas e independientes en la adultez. Esta inflexibilidad restringe la capacidad de los estudiantes para responder a las demandas educativas y profesionales de etapas avanzadas, lo que evidencia la necesidad de enfoques más flexibles y autodirigidos (Navarro & Samón, 2017).

Por su parte, la andragogía plantea una práctica educativa autorregulada que, en el ámbito universitario, coloca al estudiante en la responsabilidad de dirigir su propio aprendizaje. Este modelo responde al perfil de formación de los adultos, quienes buscan integrar sus estudios con las demandas situacionales y los problemas que enfrentan en los contextos académico y profesional (Quevedo & García, 2021).

Los resultados del estudio respaldan la combinación de estrategias pedagógicas y andragógicas para potenciar la experiencia educativa universitaria. Un mayor grado de individualización del proceso de enseñanza-aprendizaje puede lograrse reconociendo a los estudiantes como adultos que asumen el control de su formación. Estos enfoques híbridos favorecen un aprendizaje significativo, en el que el conocimiento no solo se recibe pasivamente, sino que se sintetiza, integra y aplica de manera activa, desafiando y transformando la comprensión del estudiante sobre su realidad (Román & Gómez, 2003).

Tabla 7

Comparación entre pedagogía y andragogía en la educación universitaria

07


 Discusión

Los resultados demuestran que los enfoques utilizados necesitan ser revisados, especialmente el pedagógico, ya que existen claras lagunas en su aplicación a nivel universitario. Aunque este enfoque es efectivo en los niveles de primaria y secundaria, su falta de flexibilidad no atiende las necesidades específicas de los estudiantes universitarios. La pedagogía corresponde a un modelo vertical, centrado en el docente: el educador enseña mientras los estudiantes escuchan, permaneciendo inactivos y dependientes en el proceso de aprendizaje (Quevedo & García, 2021).

A pesar de la efectividad de las habilidades básicas adquiridas en la educación inicial, la aplicación de este modelo en el nivel terciario presenta serias limitaciones. En particular, no fomenta el desarrollo de competencias vitales como la autodirección responsable, la toma de decisiones autónoma y el aprendizaje autorregulado, que son fundamentales en la educación de adultos (Román & Gómez, 2003).

En la educación superior, los estudiantes cuentan con experiencias previas asimiladas en el transcurso de su vida personal y profesional. Estos aportes constituyen un valor agregado a su formación académica, ya que optimizan la construcción de nuevos aprendizajes a partir de dichas vivencias. Sin embargo, la pedagogía tradicional no incorpora estos insumos, lo que constituye una de sus críticas más fuertes frente a la educación andragógica (Navarro & Samón, 2017).

El enfoque pedagógico más conservador considera a los alumnos como simples receptores pasivos de información. Bajo esta concepción, el docente se limita a ser un transmisor, lo que restringe la incorporación de estrategias de aprendizaje más activas. La andragogía, en cambio, ofrece un modelo más flexible que reconoce la experiencia acumulada del estudiante y le otorga un papel activo en su formación (Quevedo & García, 2021).

El andragogismo plantea opciones educativas que responden a las necesidades fundamentales de los estudiantes adultos. En este nivel educativo, la flexibilidad es determinante, ya que contempla a quienes se encuentran trabajando y necesitan adaptar sus horarios académicos a los laborales. Con este enfoque, el estudiante se convierte en protagonista de su proceso formativo, aprendiendo en contextos reales y a su propio ritmo (Román & Gómez, 2003).

Dado que cada sistema educativo posee principios y normas orientados hacia objetivos específicos, la autorregulación se erige como uno de los pilares de la andragogía. Esto implica aprender a aprender, es decir, planificar, monitorear y evaluar el progreso académico con el fin de alcanzar metas, utilizando estrategias, recursos y experiencias previas, como los conocimientos adquiridos a lo largo de la vida (Navarro & Samón, 2017).

Hoy en día, la educación se ha modernizado incorporando tecnologías digitales, como las plataformas en línea, que optimizan los procesos de enseñanza-aprendizaje. Aunque presentan limitaciones, estas herramientas han transformado la manera de enseñar en ambos modelos educativos. En el caso de la educación de adultos, la andragogía se preocupa no solo por las técnicas de enseñanza, sino también por el diseño de planes de estudio que favorezcan una formación integral (Quevedo & García, 2021).

Desde esta perspectiva, el docente se concibe como un facilitador del aprendizaje, lo que transforma la jerarquía tradicional de roles y sitúa al estudiante en el centro del proceso educativo. Este nuevo papel fomenta la interacción, la participación activa del alumnado y la construcción significativa del conocimiento (Román & Gómez, 2003).

Conclusiones

El análisis realizado confirma la pertinencia de integrar los enfoques pedagógico y andragógico en la educación superior, reconociendo que ambos aportan fundamentos complementarios para el diseño de modelos educativos más inclusivos, flexibles y orientados al aprendizaje integral del estudiante. La comprensión de las características y necesidades del aprendiz adulto permite fortalecer la calidad de los programas universitarios y favorecer el desarrollo de competencias críticas, analíticas y autónomas necesarias para el desempeño académico y profesional.

Asimismo, el rol del docente adquiere una dimensión estratégica al transformarse en facilitador del aprendizaje, capaz de seleccionar y aplicar metodologías pertinentes que respondan a la diversidad de contextos y trayectorias formativas. Este enfoque contribuye a mejorar la comunicación educativa, la motivación estudiantil y la permanencia en el sistema universitario.

Finalmente, la actualización continua de los métodos educativos y la incorporación de prácticas innovadoras constituyen elementos clave para responder a los desafíos contemporáneos de la educación superior. Promover la autonomía, la creatividad y el aprendizaje permanente fortalece la formación integral del profesional y posiciona a las instituciones universitarias como agentes activos en la transformación social y académica.

Contribución de autoría

Mario Moctezuma Baños (MMB): responsable de la conceptualización del estudio, diseño metodológico, recopilación y análisis de la información, aplicación de escalas de evaluación, interpretación de resultados y redacción del manuscrito (borrador original y versión final).
El autor aprueba la versión final del artículo y asume plena responsabilidad por su contenido.

Conflicto de intereses
El autor declara no tener conflicto de intereses.

Responsabilidad ética
Este estudio se ha desarrollado en cumplimiento de los principios éticos de la investigación académica. Dado que no involucra la participación directa de seres humanos ni la recolección de datos sensibles, no se requirió la obtención de consentimiento informado

Declaración sobre el uso de LLM (Large Language Model)
Este artículo no ha utilizado para su redacción textos provenientes de LLM (ChatGPT u otros)

Financiamiento
El autor financió el desarrollo de este artículo sin recibir financiamiento externo.

Correspondencia
Mario Moctezuma Baños:
mario.moctezuma@elcolegiodemorelos.edu.mx

 

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Trayectoria Académica

Mario Moctezuma Baños
Docente Investigador (CP_MS_2023-279) reconocido en el Padrón Estatal de Docentes Investigadores 2023–2026 de la Secretaría de Educación en Guerrero. Ha desarrollado una destacada producción científica. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Guerrero, con Especialidad en Conducción del Aprendizaje/Enseñanza de la Historia por la Universidad Pedagógica Nacional, Maestro en Comunicación y Tecnología Educativa por el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa y Doctor en Tecnología Educativa por el Centro Universitario Mar de Cortés. Además, cursó el Diplomado Competencias Docentes para el Siglo XXI en el Tecnológico de Monterrey a través de la Organización de Estados Americanos. Su trayectoria lo consolida como un especialista en el uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) aplicadas al proceso de enseñanza–aprendizaje y al fortalecimiento del mapa curricular.