NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE EDUCACIÓN

  • Marino Latorre Ariño, Dr. Director de la Escuela de Posgrado UMCH

Resumen

Si analizamos las exigencias de la universidad y de la escuela hasta hace pocos años, al estudiante universitario se le pedía adquirir una serie de conocimientos propios de la especialidad (la mayor parte de ellos teóricos) para llegar a ser un buen profesional. La práctica la aprendía pronto al llegar a la empresa y en el trabajo, pues contaba con un bagaje teórico sólido.

Al inicio del siglo XXI se exige el aprendizaje de competencias. Las competencias son capacidades-habilidades complejas que hacen referencia al manejo de conocimientos, habilidades (capacidades-destrezas) y actitudes (valores), en la realización de acciones concretas propias de una profesión y con estándares de calidad aprobados. El núcleo de una competencia es una capacidad o potencial que posee una persona para realizar determinadas acciones con estándares de calidad aceptados.

El Proyecto Tuning define las competencias como “una combinación dinámica de atributos, en relación a conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que describen los resultados del aprendizaje de un programa educativo o lo que los estudiantes son capaces de demostrar al final del proceso educativo” (Aristimuño A. et al. 2000).

La OCDE entiende las competencias como “la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz” (OCDE, Proyecto DeSeCo, 2005). Para Román, M. et al. (2008) el eje nuclear de las competencias ‘competentes’ son las capacidades, destrezas, habilidades y actitudes entendidas como herramientas mentales para aprender y seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

Las competencias “solo son definibles y observables-evaluables en la acción”; pero una competencia no se puede reducir al saber-hacer. La competencia de un sujeto se reconoce en el proceso que va del saber a la acción, durante el cual se le agrega valor en forma de reacciones, decisiones y conductas exhibidas por el sujeto durante el desempeño de la tarea. Se alcanzan realizando actividades-tareas, que desarrollen habilidades mentales y compromiso personal, que permitan aprender cualquier tipo de contenidos. Partimos de que, en una programación, las unidades más elementales del proceso aprendizaje-enseñanza son “las actividades” o “tareas”, que son “estrategias de aprendizaje diseñadas por el docente para que el estudiante desarrolle habilidades mentales y emocionales, y aprenda contenidos”. Por ejemplo analizar un texto, sintetizar un contenido, resolver un problema, exponer un contenido ante los compañeros de clase, realizar una investigación sobre un tema concreto y exponerla ante la clase, indagar-investigar sobre temas propuestos, realizar un proyecto, etc.

La competencia profesional implica, a su vez, el desarrollo previo de las competencias académicas, que tienen relación con la competencia laboral-profesional. Pero, en realidad, hasta ahora las instituciones de educación superior, han desarrollado en el sujeto un profesional con muchos conocimientos teóricos en detrimento de la competencia laboral-profesional. Tradicionalmente las competencias laborales se dejaban para los técnicos (carreras medias, especializaciones en distintos oficios, etc.)

Citas

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Publicado
26-12-2016
Cómo citar
Latorre Ariño, M. (2016). NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE EDUCACIÓN. Revista EDUCA UMCH, 8, 7-21. https://doi.org/10.35756/educaumch.v8i0.37
Sección
Artículos
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